Mariano Llinás

Mariano Llinás

El cine argentino, esa entelequia multiforme, paradójica y contradictoria, encontró en Mariano Llinás a una figura clave. A pesar que su corpus filmográfico como director es acotado en cantidad de títulos, su concepción del cine marcó un punto de inflexión en el cine argentino. Cuando las exigencias de los festivales repercutían en un formateo estandarizado de los films argentinos, que con poco disimulo se adaptaban a la estética del “poquitismo”, Mariano Llinás llegó para patear el tablero y enarbolar la idea del regreso de la (gran) aventura como motora del relato, sustentándose en la (verdadera) independencia como marco ideológico y estético sobre el cual edificar su cine.

Balnearios, su primer largometraje, presenta una visión corrosiva de los argentinos durante sus vacaciones, combinación explosiva si las hay. Historias extraordinarias, verdadero hito del cine independiente argentino, extiende los lazos con Invasión de Hugo Santiago al presentar a un grupo de hombres empecinados en una misión insólita, ridícula, posiblemente destinada al fracaso, a la que se entregan por completo con el fin último de la revelación.

La retrospectiva se completa con la primera parte de  La Flor, megapelícula episódica aún inconclusa, prodigio de producción que demandó casi una década de realización desde los márgenes. Si hoy los géneros están de vuelta en la ficción televisiva, Llinás se apoderó de ellos para corroerlos internamente y extirpar de raíz las resoluciones argumentales, ese viejo cuento heredado desde los tiempos de Aristóteles.

Pero la gran aventura del cine de Mariano Llinás es su carácter colectivo, surgido del modelo creativo propiciado por la productora El Pampero, que ha permitido conjugar lo personalísimo del cineasta con el trabajo grupal de cada uno de sus miembros. Porque, como dijo Jonas Mekas, la historia del cine es una historia invisible: la de amigos juntándose, haciendo lo que aman.

Sebastián Santillán